Analiza tus textos
Bienvenido.
Una de los recursos que emplean los escritores es la crítica de otros hacia su obra.
Es muy común entender nuestros escritos, pero no sabemos si para los demás es clara la trama del cuento o novela que desarrollamos.
La experiencia nos dice que cuando presentamos un trabajo a algún conocido, éste nos halaga aunque no entienda la secuencia de capítulos o el lenguaje empleado. Así pues, vamos por la vida creyendo que escribimos de forma clara y siempre recibimos negativas de las editoriales o nulos resultados en concursos literarios.
Este espacio es para recibir opiniones de diversas personas vinculadas con la literatura. Tu texto será publicado esperando también que otros usuarios expresen su opinión. Te pedimos que participes de manera respetuosa y constructiva. Analizar un texto es también otra forma de aprender a escribir. Los trabajos son recibidos en la dirección de correo electrónico marenproa@gmail.com
domingo, 5 de septiembre de 2010
La octava plaga. A.J. Megoz.
La octava plaga
Y Moisés salió con su pueblo. Atrás quedaba Egipto inundado por las siete plagas implacables. Al faraón y sus soldados se les imposibilitaba correr tras ellos debido a los fuertes aguijonazos recibidos por las deformes langostas que los rodeaban. Mientras se acercaba a la playa, contaba con orgullo una a una cada tragedia implantada tras de sí. Al ver hacia adelante y al percatarse de que los números no encajaban, cayó en cuenta de su error y con furia destrozó su bastón y lo arrojó a la muchedumbre.
En la orilla del Mar Rojo, enormes serpientes – producto de la reproducción de las anteriormente creadas por los hechiceros y por sí mismo –, los esperaban hambrientas y con ansia.
De trenes y andenes. Juan Diego.
En esta ocasión analizamos el texto de Juan Diego. Esperamos que sea de utilidad cada opinión.
De trenes y andenes
Partió otro tren, y yo no estoy en él. No porque no quisiera subirme. Simplemente no era el mío. Me enseñó un viejo amigo que no debemos pedir trenes prestados. Que todos tenemos un asiento, en un vagón, en un tren, en un andén… en una estación.
No hay que desesperarse porque a la orilla del mar pasen las lunas. Es que las lunas no pasan. Nosotros sí. ¿Los trenes serán iguales? Quién sabe… Quizá la estación es lo fugaz, y el tren corre y recorre al tiempo, viento en popa y a todo vapor. Quizá si duermo en realidad despierto, y si callo digo lo que siento. Bien podría el miedo ser mentira y la verdad un juego. O quizás no…
Lo importante es el andén. Este andén en el que paso las horas. Las horas y los días claros. Y los grises, y las noches frías. Este andén sin gemelo de regreso, donde parten amigos y otros tantos llegan más perdidos que marinero en tierra firme. No se trata sólo de subirse al tren… ¿Cuándo bajar?
En mi banco del andén se sienta una señora de cabello claro que se mira la punta de los pies descalzos. Mueve sus dedos y sonríe. Hace poco la vi bajar del tren, sin bastón y casi sin ropa. Y al otro lado, hacia la puerta de salida, veo un anciano de barba larga y bigote de tabaco, saltando en una pata y silbando un tango viejo. Se va… Por el otro lado, gateando entre los barrotes, entra un niño en pañales sucios. Parece cansado, pero sereno. También él espera algún tren.
Entonces, como un rayo la oigo. –Levántate y anda- me dice la voz. De pie camino hacia el borde de la plataforma. Y se escucha el crepitar. Tiemblan las vías y a la izquierda, a lo lejos, lo veo; es mi tren. Los faroles que he estado esperando. Doy un paso y el tren se acerca. A medida que baja su ritmo se acelera el mío, y el vapor empapa de un aire nostálgico la vieja estación de piedra. La nada me dice adiós, y con un paso largo me sumerjo en la nueva vida.
Detrás, aún mirándose los dedos con picardía, la señora de los pies descalzos se levanta y camina. –Adiós viajero- tararea esbozando una sonrisa. –Nos vemos en la próxima estación…
domingo, 15 de agosto de 2010
La mala costumbre. Charlotte.
La mala costumbre
Tantas veces me contaste las costillas mientras me contabas una historia, y así, entre la caricia disimulada de tus estadísticas de mi huesos se me iba la conciencia, se me disolvían la melancolía que vos sabías que me daban las noches sin lluvia. Porque aprendiste a descubrirme en los espacios intercostales las manías, mientras te imaginabas las melodías que según vos me arrancarías si fuera piano. Y fue entre mis huesos y tus caricias que te inventaste los antídotos. Así pasó nuestro tiempo, así me hiciste una rutina, así me acostumbraste a tener menos espacio y más libertad.
Y ahora, mientras no llueve nunca, mientras los insomnios me ganan todas las partidas, mientras me hago a la idea de tu huida, tengo que hacerle espacio también a este recuerdo. Y no es que mi melancolía ni mis manías sean obra tuya. Y no es que mis renovadas ojeras sean tu culpa. Yo ya contaba mi buena cuota de fantasmas y delirios antes de vos. Pero lo que si es tu culpa es que me diste, con tus costumbres matemáticas, un punto de referencia, un espacio de sopor para darme cuenta de cuanto bien hacías. En fin, tu culpa mayor es que me malacostumbraste y después te fuiste con todas las formulas secretas para paliar mi naturaleza de loca sin retorno.
Charlotte
Cáncer de pulmón. Navegante.
Cáncer de pulmón
A pesar de las advertencias del doctor, no estaba dispuesta a soportar la agresividad de una quimioterapia. Si se había escrito que moriría de cáncer, que así fuera: ella no era quién para oponerse al destino. Eso sí, viviría al máximo lo poco que le restaba de vida. Faltaba más. Guardó en el cajón de los calcetines la argolla matrimonial y sacó las minifaldas de antaño. Por suerte aún le quedaban. El primer día se llevó a la cama a Molina; el segundo, a Uriarte; y el tercero, a Remigio, el de la fotocopiadora. Al cuarto día lo hizo con los tres al mismo tiempo. Luego recibió la llamada del oncólogo: que por favor lo disculpara, que le había leído la placa de otra paciente, que no padecía cáncer.
Desde entonces, y después de haberse labrado una justísima imagen de mujer querendona, ha rechazado todas las propuestas masculinas. La argolla ha regresado a su anular y las minifaldas han sido sustituidas por los pantalones aburridos de siempre. Sin embargo, el que persevera alcanza, y por ello ha aumentado el consumo de cigarros: tres cajetillas diarias.
jueves, 5 de agosto de 2010
Agonía
A veces, cuando pienso mucho en tí, me recuesto sobre el pasto y miro al sol. Mis ojos se entrecierran automáticamente y entre lo poco que alcanzo a distinguir aparecen una manchas negras y luminosas;.Son de tamaños confusos, caben tres en la palma de mi mano pero a la distancia cubren un árbol entero. Juego con ellas como si fueran mis hijas y a donde sea que vea ellas siguen mi vista y no me dejan, son de las pocas cosas que no me dejan y que quieren que las vea, se sienten importantes y puede que hasta vivas.
Mis ojos empiezan a llorar, los tengo que cerrar y las manchas se van disolviendo entre lágrimas cálidas y polvo,.Se despiden de mÍ poco a poco, creo que regresan a la oscuridad,;se mueren y nunca mas regresarán de donde vinieron, donde nacieron.
Duermo y contemplo cómo mis parpados resurgen rojos y descansan. Son de fuego. Con estos ojos, con esta llama te sueño, te miro encendida, abrázame, tú, indecible ser, eres tú, eres todo menos palabra, no hay letras para tu cuerpo, no hay intención para tu nombre; eres mi palabra y mi voz.
Espero a que los fantasmas fatigados que aparecen de tarde en tarde en mis breves días, te esperen y te digan lo que no te puedo decir, para que las cosas que te gritan te quemen y no quede rastro de tí, para que toda la estúpida indiferencia del mundo nos observe.
Cae la primera gota al mar del cielo, justo en mi boca, y yo regreso de la muerte profunda, de esa en la que sólo tú existes y los difuntos ya se extinguieron. Otra y otra más, por fin, se apaga el fuego de mis ojos, ese terrible ardor que encarna a las más frías ilusiones.
Abro los ojos y mi pecho se revienta de tristeza, cuando miro directo al sol, y mis ojos se entrecierran automáticamente y entre lo poco que alcanzo a distinguir, aparecen unas manchas negras...
Caracol milenario
lunes, 19 de julio de 2010
Cuento Sin Remitente. Autor Gorrión Perdido.
La carta fue depositada en el buzón, no llevaba remitente e iba con destino a una ciudad desaparecida al sur del país. El encargado de separar la correspondencia pensó que se trataba de alguna broma, tomó el sobre y revisó detalladamente el exterior sin encontrar algo extraño; en ese momento llegó otro costal que interrumpió sus pensamientos, dejó el pequeño enigma encima de cercano escritorio y continuó con su trabajo.
Cuando las oficinas del correo cerraron, el empleado postal se senó a realizar su informe diario de las anormalidades surgidas. Volvió a tomar la misteriosa carta y fue por el cuaderno de registros, había algo que le recordaba aquel acontecimiento. Al hacer una revisión en hojas anteriores se percató de que cada año justo en ese día era depositado un sobre similar. Intrigado comentó a su superior el descubrimiento.
Días después, luego de pedir un permiso judicial, comenzaron a abrir cada carta archivada con esas características. Ahi hallaron la verdadera historia oculta hasta entonces de la destrucción de la ciudad destino de la carta y sorprendidos descubrieron que la suya sería la siguiente. Un fuerte temblor comenzó a sentirse en ese momento.
viernes, 25 de junio de 2010
Cuento Recompensa. Autor Alférez.
Cierta mañana, una costurera de la aldea cercana fue hasta esa zona sagrada y, con una larga hebra de plata, comenzó a unir cada virtud a la orilla de la Satisfacción, gran compañera de ella con quien departía desde su niñez. Deseaba crear una tela para cubrir a la Tierra y hacerla feliz.
Mas ocurrió que la Discordia pasaba por ahi de casualidad montada en una nube blanca y, ni tarda ni perezosa, se inmiscuyó en la costura creando confusión entre las virtudes. Éstas comenzaron a discutir por una causa sin importancia y decidieron desunirse. Así pues, se fueron separando una a una de la Satisfacción desgarrándola y llevándose pegada una parte de ella. Es esa alegría interna que toda persona siente cuando realiza una acción virtuosa.