SIN SALIDA
Cuando Arturo partió a la guerra le prometió a Gloria que volvería y en el brillo de sus ojos ella vio que hablaba con la verdad. Con su rostro bañado en lágrimas le despidió en el enorme portón del batallón, y los más de diez minutos de besos y sollozos parecían no bastar para llenar de valor a sus dos corazones desorientados.
– El tiempo – dijo él – es el único que nos separa. La distancia, por el contrario, carece de importancia para nosotros.
Entonces tomó su maleta, en la que había empacado lo poco que servía para una guerra ajena en un país desconocido. Gloria no olvidaría jamás la promesa de esperarlo hasta la muerte y de encerrarse en sí misma para conservar la esencia con la que él la había conocido.
La guerra vino y de la misma manera se fue y sin embargo para Gloria no había nada más importante en su mundo que el recuerdo de un Arturo que no regresaba pero que nunca olvidaba; y aunque nunca recibió noticia alguna del estado de la guerra y la fecha de regreso de las tropas, pasaba la mayor parte de su tiempo en casa, haciendo y deshaciendo las camas más por entretenimiento que por necesidad y con la costumbre de no dejar entrar a un hombre más allá de dos metros de la puerta antes de rechazarlo y recordale su promesa inquebrantable. Salía a la calle con el único objetivo de escudriñar en su memoria cada una de las cosas que había vivido en cada parque y en cada café y décadas de soledad y tristeza se acentuaron en una Gloria que olvidó el mundo exterior casi sin querer y que no permitió que nadie entrara jamás en su vida.
– La llave se la llevó Arturo a la guerra – se decía a sí misma –. Sólo él puede abrir la cárcel en la que estoy encerrada.
Por parte de los sobrevivientes que a la ciudad regresaron, no pudo jamás obtener noticia alguna de un Arturo desconocido, de un soldado ignorado y borrado de la memoria de los que llegaban, arrasado por la guerra inclemente y dura. Alguien le dijo que había muerto, otro dijo que él jamás se embarcó a luchar. Encontró rumores de que su avión se había estrellado en una isla desierta sin posibilidad alguna de rescate, y un viejo soldado – que afirmaba tener problemas de razonamiento – aseguraba que vagaba por las calles de la ciudad buscando a una solitaria mujer que para ese entonces debería tener el cabello blanco y los ojos marchitos.
Entonces, como si fuera una revelación divina, Gloria se hizo a la idea de que Arturo había regresado y de que la buscaba. Sin sinquiera pensarlo decidió recorrer las calles por el resto de su vida, y su esencia se perdió aún más en aquella habitación sólida, oscura y sin salida que había forjado por antojo para cumplir con su destino. Dejó atrás su casa y sus pertenencias pues creía que al dejar la calle perdería la oportunidad de acabar con su espera. Pronto enloqueció y con frecuencia hablaba sola o hacía preguntas extrañas a personas desconocidas y dormía noche tras noche en los andenes, pidiendo limosna y esperando a su amor.
De los restos de la guerra se buscaron las armas y municiones abandonadas pero valiosas. Tal vez fue por eso que el continuo y vago caminar de Arturo en medio de una selvática isla sin salida, en la que se vio sumido al colisionar con su avión en llamas y en la cual se sintió preso por la naturaleza misma fue interrumpido por negros helicópteros que salían en busca de las reliquias luego de media década de olvido. Al regresar a su ciudad fue recibido en el puerto y condecorado con honores, pero su mente escudriñaba en el recuerdo de la mujer que una vez abandonó. A sus oídos llegaron historias similares a los que de él llegaron a Gloria, decían algunos que no había soportado la soledad y que se había abrigado en brazos extraños, otros afirmaban que nuca salió de su casa o que vagaba en medio de la muchedumbre buscando un amor perdido; entonces Arturo salió a la calle son su mirada puesta en el sueño que lo mantuvo vivo durante la guerra y luego de darle una moneda a una anciana loca y solitaria, decidió partir en busca del destino que desde años tenía la intensión de encontrar.
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domingo, 13 de marzo de 2011
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